16 agosto 2004

El hombre del descansillo

Agosto transcurre cadencioso. Lento pero inexorable. Pasan los días sin mucho ningún aprovechamiento. Sin disfrute. Sin exigencia. Solo pasan. Me siento como si estuviera en el descansillo de una escalera y no supiera si subir, si bajar, si permanecer o si instalarme definitivamente. Me paso el día mirando por la ventana.



El fín de semana fue como está siendo agosto. Ni una mala palabra, ni una buena acción. Ni si, ni no. Por un lado yo que se, y por otro que quieres que te diga. Ni bien, ni mal, sino todo lo contrario.

Esta no es la dinámica que me interesa. Pero es la que hay. Estoy algo bastante perdido. Tanto como para estar desencantado de conocerme.